por: Dr. Luis Raymundo Massé Moreno
“Ningún favor produce una gratitud
menos permanente que el don de la libertad, especialmente entre aquellos
pueblos que están dispuestos a hacer mal uso de ella”
SUMARIO: Introducción. I. Breves antecedentes
históricos del arraigo penal. II. Finalidad del arraigo penal. III. Aplicación
del arraigo penal en nuestro sistema jurídico. IV. Acción de
inconstitucionalidad 20/2003. V. Consecuencias jurídicas futuras del criterio
del Ministro Díaz Romero en el sistema jurídico penal. VI. Conclusio et
tributum.
INTRODUCCIÓN
Este ensayo tiene como objetivo fundamental
describir la argumentación y criterio jurídico de uno de los Ministros más
entrañables que ha tenido la Novena Época en la Suprema Corte de Justicia de la
Nación. El Ministro Juan Díaz Romero.
A través de uno de los temas que le
correspondió desarrollar en su encargo en el máximo tribunal del país, en el
caso concreto, se denotó el análisis sesudo y concentrado del señor Ministro en
cuanto a una de las figuras procesales que han causado gran controversia en el
foro jurídico nacional e internacional, conocido como el “arraigo”, el cual ha
sido aplicado indiscriminadamente durante varios años, afectando a múltiples
personas, por no decir a familias enteras, con el correspondiente costo
económico, laboral y social para los involucrados, ya sin decir los errores en
su aplicación y el respectivo “usted disculpe” de las autoridades.
Es por ello que a través de este breve
ensayo, describiremos y analizaremos los argumentos que emitió el Ministro Díaz
Romero para determinar la inconstitucionalidad del arraigo y sus implicaciones
en el marco normativo de nuestro país, aprovechando también estas líneas para
describir a una persona de carácter afable, sencillo, de maneras correctas que
dilucidaba sus problemas de una manera lógica pero con firmeza en el Pleno de
la Corte.
Sirvan estas sencillas líneas como un homenaje
al Ministro que tuve el privilegio de conocer y que luchó por la congruencia
jurídica enalteciendo en todo momento los derechos fundamentales de los
ciudadanos.
I. BREVES ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL
ARRAIGO PENAL
La figura del arraigo penal fue
instaurada en nuestro orden jurídico por primera ocasión gracias a las reformas
a dos códigos sustantivos: el Código Federal de Procedimientos Penales y el Código de
Procedimientos Penales del Distrito Federal, la primera fue promulgada el 27 de
diciembre de 1983 y la segunda el 4 de enero de 1984. Posteriormente se fue introduciendo
en los códigos de procedimientos penales estatales ya sea como una forma de
detención que beneficia al ministerio público en la etapa de averiguación
previa o para asegurar que el indicado no se sustrajera a la acción de la
justicia en delitos culposos.
Para efectos de este documento solamente
nos constreñiremos a tomar como referencia el arraigo previsto en el Código Federal
de Procedimientos Penales.
En un primer momento, el arraigo fue
visualizado como una innovación respecto de la regulación de las medidas
precautorias, en los que en ese entonces únicamente se establecía la libertad
caucional previa o administrativa -durante el periodo de investigación-,
tratándose de delitos imprudenciales ocasionados por el tránsito de vehículos,
o bien la libertad caucional de carácter judicial una vez iniciado el proceso
penal propiamente dicho, en los supuestos de la prisión preventiva.
En
la reforma de 1983 al Código Federal de Procedimientos Penales se ampliaron las
hipótesis de la libertad previa administrativa para que ahora se pudiera
aplicar a todos los supuestos de delitos no intencionales, y no exclusivamente
tratándose de los producidos por el tránsito de vehículos.
De manera congruente con la
liberalización de las medidas de aseguramiento del inculpado, tratándose de
delitos imprudenciales o bien en aquellos en los cuales sólo pueda imponerse pena
alternativa o no privativa de la libertad, se creó el arraigo para que pudiera
aplicarse en distintas etapas del procedimiento penal, por ejemplo, en el
periodo de investigación previa o bien durante el proceso, como una medida
precautoria que permite la disponibilidad del inculpado ante el ministerio
público o el juez, limitando los casos de detención y prisión preventivas.
Por otro lado, se adicionó el artículo
133 bis al CFPP
para poder aplicar la figura procesal del arraigo con fines de otorgarle el
tiempo suficiente al ministerio público para que recabe las pruebas idóneas
para ejercitar la acción penal, todo esto velado a través de la instauración de
una “medida cautelar” que en la práctica hemos observado que limita y perjudica
a los indiciados.
Por si esto fuera poco, también se
concibe al arraigo como una medida cautelar para evitar la sustracción de la
justicia del imputado, cuando existan elementos que así lo hagan suponer o
cuando la naturaleza del delito o por la pena aplicable no deba ser internado
en prisión preventiva.
En consecuencia, la reforma del diciembre
de 1983 integró la figura del arraigo penal desde la óptica de tres
modalidades:
a) El arraigo penal como una medida
cautelar que implica la privación de la libertad del indiciado y con vigilancia
de la autoridad con el fin de integrar la averiguación previa y posteriormente
consignar a éste;
b) Como una medida precautoria para que el
imputado no se sustraiga a la acción de la justicia cuando se trate de delito
no intencional o culposo o cuando el delito merezca pena alternativa o no
privativa de libertad (no se especifica que sea con vigilancia de la autoridad)
y,
c) Como una medida precautoria cuando
existan indicios de que el imputado se vaya a sustraer a la acción de la
justicia y cuando por la naturaleza del delito o de la pena aplicable no sea
necesario internarlo en prisión preventiva (no especifica que sea con
vigilancia de la autoridad ni las condiciones en que deba cumplirse, por el
contrario deja abierta las características y el tiempo del mismo a criterio de
la autoridad judicial).
II. FINALIDAD DEL ARRAIGO PENAL
Mucho se ha discutido sobre la figura
del arraigo en materia penal, se han escrito un sinnúmero de artículos y libros
que hablan sobre el tema, sin embargo, consideramos que esta figura fue
redactada en los artículos 135, 205 y 133 bis de manera confusa y en
consecuencia, objeto de múltiples interpretaciones jurídicas, tal y como se
observa de los diversos criterios emitidos por el Poder Judicial de la
Federación, en donde quedó plenamente establecido que el arraigo domiciliario
prevista en el artículo 133 bis afecta la libertad personal.
En este contexto, podemos decir que el
arraigo como medida cautelar bajo la vigilancia de la autoridad –ministerio
público- es una figura procesal que justifica por un lado la raquítica
actuación del ministerio público al integrar una averiguación previa, y por
otro, auxilia a éste en cuanto a la aplicación de una detención temporal –velada
de legalidad- con el fin de que el indiciado no se sustraiga a la acción de la
justicia bajo la premisa de que la autoridad investigadora “estudie y analice” la
relevancia del hecho imputado y las circunstancias personales de éste. Aunque
todos sabemos que estas justificaciones no tienen cabida en una figura procesal
acorde con la convencionalidad actual, pues el fin primordial es otorgar el
mayor tiempo posible al ministerio público para que con ello recabe las pruebas
pertinentes y ejercitar la acción penal sin tener el riesgo de que el indiciado
se sustraiga a la acción de la justicia.
III. APLICACIÓN DEL ARRAIGO PENAL EN NUESTRO
SISTEMA JURÍDICO
Como se ha observado desde 1983, la
aplicación del arraigo en nuestro sistema jurídico, entendido éste como una medida
cautelar con autorización judicial y bajo la vigilancia de la autoridad para el
estricto fin de integrar la averiguación previa correspondiente se ha aplicado
en un sinnúmero de casos de alta relevancia en nuestro país, ya sea en el fuero
federal como en el fuero común –al menos hasta la reforma constitucional del 18
de junio de 2008- lo que ha denotado en la coja o incompleta integración de
averiguaciones previas, la realización de operativos con detenciones –muchas
veces sorpresivas- de personajes o delincuentes de renombre y en los que
todavía el ministerio público se encuentra investigando la posible comisión de
delitos, y por ese motivo es necesario arraigar a los indiciados con el fin de
que el ministerio público tenga un periodo de gracia para hacerse de los
elementos necesarios para así ejercitar la acción penal y de paso cambiar la
situación jurídica del propio indiciado. Lo que a nuestra visión otorga una
ventaja importante en cuanto a la investigación del delito para el ministerio
público y una clara violación a los derechos fundamentales del indiciado, lo
cual se analizará más adelante en la excelsa ejecutoria pronunciada por el
Ministro Díaz Romero al resolver la acción de inconstitucionalidad 20/2003.
IV.
ACCIÓN
DE INCONSTITUCIONALIDAD 20/2003
Esta acción de inconstitucionalidad fue
promovida por los integrantes de la Sexagésima Legislatura del Congreso del
Estado de Chihuahua
el 24 de septiembre de 2003 en contra del Congreso del Estado de Chihuahua y en
la que solicitan la invalidez de la norma general consistente en el Decreto
número 790/03, del IX P.O. correspondiente al segundo año del ejercicio
constitucional, de la Sexagésima Legislatura del Estado Libre y Soberano de
Chihuahua y publicado el 27 de agosto de 2003, en el ejemplar 69 del Periódico
Oficial del Gobierno del Estado de Chihuahua en el cual se modifican los
modifican los artículos 27, 33, 67, 74, último párrafo del artículo 213, último
párrafo del artículo 194 ter, se adiciona un segundo párrafo al artículo 191,
se adicionan los artículos 195 bis y 211 ter, todos del Código Penal del Estado
de Chihuahua, así como la modificación de los artículos 145 bis, 194, último
párrafo del artículo 262 y 400, fracción IV, y la adición de tres párrafos al
artículo 120, la adición del artículo 291 bis, de un párrafo al artículo 365 y
un párrafo al artículo 560, todos ellos del Código de Procedimientos Penales
del Estado de Chihuahua.
Los quejosos exponen como antecedente
que el 26 de agosto de 2003, la Sexagésima Legislatura del Estado de Chihuahua,
aprobó el Decreto 790/03, mismo que fue publicado al día siguiente en el
Periódico Oficial del Gobierno del Estado, y que del análisis de dicho Decreto,
se encontró que en el Código Penal para el Estado de Chihuahua se adicionó con
un párrafo el artículo 27, a fin de establecer que, tratándose de homicidio
doloso, en perjuicio de mujeres y menores de edad o del delito de secuestro,
deberá imponerse la pena que corresponda a cada delito cometido, aun y cuando
con ello se exceda el máximo de la pena de prisión, que es de 60 años,
establecida en el primer párrafo del mismo numeral.
En el artículo 67, se fija la regla
general para que, cuando exista concurso real de delitos, se imponga la pena
prevista para cada uno de los delitos cometidos.
En el artículo 64, se reformó para
prohibir la libertad preparatoria al sentenciado para los delitos de encubrimiento
por favorecimiento, delito en materia de inhumaciones y exhumaciones,
homicidio, sancionado por los artículos 194 ter, entre otros.
El 194 ter, se adiciona para penalizar
"el homicidio con treinta a sesenta años de prisión "y el 195 bis, se
crea para penalizar de manera "particular el homicidio, tratándose de
víctima de "sexo femenino con una pena de treinta a sesenta "años de
prisión.
Por lo que hace a la reforma al Código
de Procedimientos Penales –materia del presente trabajo– esta consistió en la
creación del artículo 122 bis, para instaurar la figura conocida como arraigo.
Los conceptos de violación que estima la
quejosa estriban principalmente en la falta de cumplimiento de la normatividad
para dictaminar una iniciativa en virtud de que por un
lado el Congreso del Estado de Chihuahua no expuso ni justificó jurídicamente
las reformas que pretende con el decreto aludido y, por el contrario solamente
muestra un discurso de carácter social.
Por lo que hace al tercer concepto de violación de
nuestro estudio, básicamente estriba en que "El Decreto
que se impugnó, creó el artículo 122 bis del Código de Procedimientos Penales
del Estado de Chihuahua. La razón de ello fue incorporar a esa Legislación la
Institución conocida como “arraigo”, fuera de toda discurso doctrinal sobre el
arraigo en materia civil o penal, tenemos que puntualizar que esta figura
procesal se incorporó de manera facciosa, pues tiene como base una
jurisprudencia que ya había sido superada por contradicción de tesis.
En ese contexto es de mencionar que la
jurisprudencia de rubro: ARRAIGO, ORDEN
DE. NO "AFECTA LA LIBERTAD PERSONAL, fue el fundamento del
dictaminador para argumentar que esta Institución no es violatoria de la
Constitución y, por lo tanto, se podía incorporar a nuestra Ley.
Para mejor comprensión del problema en
estudio se transcribe el criterio antes referido:
ARRAIGO,
ORDEN DE. NO AFECTA LA LIBERTAD PERSONAL.
La orden jurisdiccional de arraigo que
contempla el artículo 133 bis del Código Federal de Procedimientos Penales, no
afecta la libertad personal propiamente dicha, a que se refiere el artículo 130
de la Ley de Amparo, sino tan sólo la libertad de tránsito del destinatario de
la misma, regulada por el artículo 11 de la Constitución General de la
República.
PRIMER TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA
PENAL DEL PRIMER CIRCUITO.
Queja 33/97. Víctor Manuel Salazar
Huerta. 5 de agosto de 1997. Unanimidad de votos. Ponente: Carlos Hugo Luna
Ramos. Secretaria: Celia García Luna.
Queja 61/98. José Fernando Peña
Garavito. 25 de agosto de 1998. Unanimidad de votos. Ponente: Elvia Díaz de
León de López. Secretaria: Celia García Luna.
Queja 73/98. Salvador Giordano Gómez. 5
de octubre de 1998. Unanimidad de votos. Ponente: Elvia Díaz de León de López.
Secretaria: Celia García Luna.
Queja 85/98. Francisco García González.
10 de noviembre de 1998. Unanimidad de votos. Ponente: Elvia Díaz de León de
López. Secretaria: Celia García Luna.
Queja 89/98. Agente
el Ministerio Público Federal adscrita al Juzgado Noveno de Distrito en Materia
Penal en el Distrito Federal. 10 de noviembre de 1998. Unanimidad de votos.
Ponente: Elvia Díaz de León de López. Secretaria: Celia García Luna.
Por
ejecutoria de fecha 4 de noviembre de 1998, la Primera Sala declaró inexistente
la contradicción de tesis 22/98 en que participó el presente criterio.
Señala el quejoso que el argumento es
falaz, ya que la tesis antes citada fue superada por la contradicción de tesis
de 1999, la cual establece que el arraigo sí afecta la libertad personal. Dicho
criterio se plasma en la siguiente jurisprudencia:
ARRAIGO DOMICILIARIO, ORDEN DE. AFECTA
LA LIBERTAD PERSONAL.
La
orden de arraigo domiciliario prevista por el artículo 133 bis del Código
Federal de Procedimientos Penales, antes y después de su reforma mediante
decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación de fecha ocho de
febrero de mil novecientos noventa y nueve, al obligar a la persona en contra
de quien se prepare el ejercicio de la acción penal siempre y cuando exista el
riesgo fundado de que se sustraiga a la acción de la justicia, a permanecer en
un domicilio bajo la vigilancia de la autoridad investigadora y persecutora,
trae como consecuencia la inmovilidad de su persona en un inmueble, por tanto,
es un acto que afecta y restringe la libertad personal que puede ser
susceptible de suspensión en términos de lo dispuesto por los artículos 130,
136 y demás relativos de la Ley de Amparo, si para ello se cumplen los
requisitos exigidos por la misma ley.
Contradicción
de tesis 3/99. Entre las sustentadas por una parte, por los Tribunales
Colegiados Cuarto en Materia Penal del Primer Circuito y Primero del Décimo Octavo Circuito y, por
otra, por el Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito. 20
de octubre de 1999. Unanimidad de cuatro votos. Ausente: Ministro Juan N. Silva
Meza. Ponente: Juventino V. Castro y Castro. Secretario: Óscar Mauricio Maycott
Morales.
Tesis
de jurisprudencia 78/99. Aprobada por la Primera Sala de este Alto Tribunal, en
sesión de veinte de octubre de mil novecientos noventa y nueve, por unanimidad
de cuatro votos de los señores Ministros: presidente Humberto Román Palacios,
Juventino V. Castro y Castro, José de Jesús Gudiño Pelayo y Olga Sánchez
Cordero de García Villegas. Ausente: Ministro Juan N. Silva Meza.
En consecuencia, el Congreso del Estado
de Chihuahua introdujo la figura del arraigo en su artículo 122 bis, siendo esta figura
notoriamente inconstitucional y por tanto violatoria del artículo 16 de la
Constitución Federal, la cual, con meridiana claridad, establece los casos e
hipótesis en que un particular puede ser privado de su libertad personal, como
lo es la orden de aprehensión, en caso de delito flagrante y en caso urgente,
pero en ningún caso permite el arraigo.
En uso de la garantía
de audiencia la autoridad responsable manifestó que en relación con la
implementación de la figura del arraigo en el artículo 122 bis del Código de
Procedimientos Penales del Estado de Chihuahua de ninguna manera violenta lo
previsto en el artículo 16 constitucional toda vez que esta medida
es decretada por la
autoridad judicial cuando se trate de delitos graves que se encuentren
plenamente demostrados, en el que aparezcan datos que permitan suponer que
existe responsabilidad de cierta persona y que ésta pudiera sustraerse de la
acción de la justicia; además, el arraigo domiciliario no puede ser
superior a treinta días y el lugar de permanencia del arraigado debe ser
distinto a las cárceles o a cualquier tipo de establecimiento de corporaciones
policíacas; de donde se infiere que dicha figura jurídica sí se encuentra
apegada a la Constitución Federal. Además de que la parte quejosa realiza una
interpretación inexacta de la tesis “ARRAIGO DOMICILIARIO, ORDEN DE. AFECTA LA
LIBERTAD PERSONAL.”, ya que en ella no se considera a la orden de
arraigo como inconstitucional en sí misma, sino sólo se estima que para efectos
de la suspensión en el juicio de amparo, es un acto privativo de la libertad y
por tanto susceptible de concederse.
Por su parte en su intervención, la Procuraduría
General de la República señaló en el caso concreto:
“Que el artículo 122 bis del Código de
Procedimientos Penales del Estado de Chihuahua, cuya invalidez también se
solicita, y en el cual se establece la figura del arraigo domiciliario, no es
inconstitucional en sí misma, pues no obstante que los artículos 11 y 16 de la
Constitución Federal no la contemplan expresamente, sí en cambio, conciben la
posibilidad de que la autoridad judicial limite la libertad de tránsito, así
como de que se emitan actos de molestia en la persona del gobernado.
Que
la restricción o límites a estas garantías individuales, interpretado en un
sentido amplio (no restringido a la expedición de órdenes de aprehensión,
aplicación directa de sentencias penales privativas de la libertad), pueden ser
reguladas en la legislación ordinaria, puesto que uno de los reclamos sociales
de mayor impacto contemporáneo, es la pronta y expedita administración de
justicia, por lo que existe la necesidad de que para su procuración se cuenten
con figuras jurídicas que aseguren tal reclamo social, con el fin de asegurar
que personas involucradas en ilícitos graves, no puedan evadir la acción de la
Justicia.”
En el razonamiento
lógico jurídico, el señor Ministro Juan Díaz Romero argumento que el arraigo
previsto en el artículo 122 bis del Código Adjetivo Penal del Estado de
Chihuahua se estableció como una medida cautelar,
misma que solamente puede imponerse ante la posibilidad de que el imputado
se sustraiga a la acción de la justicia por la posible responsabilidad en la
comisión de un delito grave.
Ahora bien, las
características del arraigo en esa entidad federativa se constriñen a 10 puntos
sustanciales, a saber:
a) Que con motivo de una averiguación
previa, se encuentre plenamente demostrada la comisión de un delito considerado
por la ley como grave.
b) Que la averiguación previa arroje
datos, indicios o “cualesquiera otra circunstancia” que conduzcan a establecer
que en el ilícito pudiera tener responsabilidad penal una persona.
c) Que exista riesgo fundado de que esa
persona se sustraiga a la acción de la justicia.
d) Que sólo la autoridad judicial
correspondiente cuenta con la facultad de decretar el arraigo, a petición del
ministerio público.
e) Que en la solicitud de arraigo del
sospechoso se especifique el lugar en que habrá de verificarse, el que no podrá
ser en cárceles o establecimientos de corporaciones policíacas.
f) Que de ser posible, se escuche al afectado.
g) Que estará a cargo del ministerio
público y de sus auxiliares la cumplimentación del arraigo.
h) La duración del arraigo no podrá
exceder de treinta días naturales.
i) El arraigado no podrá ser
incomunicado.
j) Que el arraigado podrá solicitar a la
autoridad judicial el cese del arraigo, la que, escuchando al ministerio
público, resolverá en cuarenta y ocho horas.
Del atinado razonamiento que le
caracterizaba al Ministerio Díaz Romero, se desprende de su ejecutoria que con profunda
efectividad jurídica advierte que la tesis de rubro "ARRAIGO DOMICILIARIO, ORDEN
DE. AFECTA LA "LIBERTAD PERSONAL” de ninguna manera establece la
inconstitucionalidad de la figura del arraigo pues solamente se pronuncia sobre
el efecto que tiene la aplicación de tal medida cautelar, resolviendo que
únicamente afecta la libertad persona toda vez que afecta la movilidad de la
persona para que su radio de acción se limite al espacio físico de un inmueble,
y por tanto esa medida cautelar puede ser materia de amparo en términos de los
entonces artículos 130, y 136 y demás relativos de la Ley de Amparo vigente en
ese año. No obstante que se analizó el arraigo previsto en el artículo 133 bis
del Código Federal de Procedimientos Penales.
Prosigue el Ministro Díaz Romero conforme al
análisis de los artículos 14, 16, 19 y 20 constitucionales en concatenación a
la figura del arraigo penal que de dichos artículos constitucionales, se desprenden
varios principios:
a) El principio del debido
proceso legal que implica que al inculpado se le reconozca el derecho a su
libertad, y que el Estado sólo podrá privarlo del mismo cuando, existiendo
suficientes elementos incriminatorios, y seguido un proceso penal en su contra
en el que se respeten las formalidades esenciales del procedimiento.
b) La garantía de
audiencia en la que pueda desvirtuar la imputación correspondiente.
c) El Juez pronuncie
sentencia definitiva declarándolo culpable.
d) La función persecutoria
del Ministerio Público, la cual se constriñe a la investigación de delitos, en
la que deberá recabar las pruebas necesarias para demostrar el cuerpo del
delito y la probable responsabilidad del acusado.
e) La celeridad con la que
deben llevarse a cabo todas las actuaciones que tengan como consecuencia la
privación de la libertad personal, imponiendo a la autoridad persecutora o a
quien realice la detención, el deber de que con toda prontitud el indiciado sea
puesto a disposición del juez, con el objeto de que, al iniciar éste el proceso
penal correspondiente, el inculpado tenga pleno conocimiento de los delitos que
se le imputan y pueda iniciar inmediatamente su defensa con el fin de obtener
su libertad personal en los casos en que proceda.
Conforme a lo anterior, para que una persona pueda ser afectada en su
libertad personal, ya sea en forma preventiva o definitiva, necesariamente se
deben cumplir los siguientes supuestos:
I) Que el Ministerio
Público haya integrado una averiguación previa que arroje datos suficientes que
acrediten el cuerpo del delito y la probable responsabilidad del indiciado.
II) Que esos datos se pongan
del conocimiento de la autoridad judicial a través de la consignación, para que
ésta, en caso de que se haga sin detenido, ordene la aprehensión del inculpado
y sea puesto a su disposición inmediatamente después de que se cumplimente, a
efecto de instruir el proceso penal en el que una vez substanciado con las
formalidades esenciales del procedimiento, si se considera que existe plena
responsabilidad del procesado, se le imponga la sanción que corresponda.
III) Una vez que el
inculpado sea puesto a disposición de la autoridad judicial, ésta cuenta con un
término de setenta y dos horas para que justifique esa detención con un auto de
formal prisión en el que se expresará: “...el
delito que se impute al acusado; el lugar, tiempo y circunstancias de ejecución,
así como los datos que arroje la averiguación previa, los que deberán ser
bastantes para comprobar el cuerpo del delito y hacer probable la
responsabilidad del indiciado.”
En suma, la privación de la libertad a
costa de la emisión de una orden de arraigo constituye una violación a la
libertad personal del individuo, ello es así, pues solamente existen 5
supuestos en los cuales se puede privar de la libertad a una persona: 1.- Por
la detención en el caso de delito flagrante, 2.- Detención por caso urgente, 3.-
Cumplimiento de una orden de aprehensión, 4.- Por la emisión de un auto de formal
prisión, 5.- Por la imposición de una sanción administrativa que incida en la privación
de la libertad que no excederá de 36 horas.
En atención a lo anterior, la existencia
y aplicación de una figura jurídica denominada “arraigo” por la que se
justifique la detención de una persona con el fin de que el Ministerio Público
tenga tiempo suficiente para integrar la averiguación previa correspondiente,
debe ser declarada inconstitucional, así como los artículos que la prevén. Lo
anterior es así pues, consideramos que es un ataque directo en contra de la
libertad de tránsito y personal del individuo, la cual no tiene justificación,
ya que, viola por una parte el principio de presunción de inocencia de todo
gobernado, y por otro la exacta aplicación de diversos instrumentos jurídicos
internacionales que prevén derechos humanos que son contrarios a esta figura,
la cual nuestro Estado Mexicano se ha empeñado en seguir utilizando hasta
nuestros días, realizando reformas legales y hasta constitucionales para darle
certeza jurídica, lo cual solamente ha culminado en una limitación a nuestra
libertad personal en aras de integrar averiguaciones previas cuyos elementos no
han sido plenamente demostrados.
V. CONSECUENCIAS
JURÍDICAS FUTURAS DEL CRITERIO DEL MINISTRO DÍAZ ROMERO EN EL SISTEMA JURÍDICO
PENAL
Conforme a los argumentos expuestos por
el señor Ministro Díaz Romero en el caso que nos ocupa, se declaró inconstitucional
la figura del arraigo y por tanto, también, inconstitucional el artículo 122
BIS del entonces Código de Procedimientos Penales del Estado de Chihuahua que
lo preveía, situación que fue permeando en las demás legislaciones estatales
hasta terminar con esta figura que a diestra y siniestra se utilizó en
innumerables ocasiones en perjuicio de los individuos. No obstante lo anterior,
a raíz de la reforma constitucional en 2008 al artículo 16, se previó dicha
figura, pero ahora sólo para casos de delincuencia organizada, por lo que si bien es
cierto, la figura persiste hasta nuestros días, también lo es que se acotó su
aplicación para casos muy concretos y especiales, pero que, sin embargo, cada
día son más comunes por los altos índices de delincuencia en nuestro país.
Aunado a lo anterior, la aplicación del
arraigo en cualquiera de los supuestos que se quiera, atenta contra diversas
disposiciones internacionales, como lo previsto en el artículo 5 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos, el artículo 7 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el artículo 5 de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, el artículo 1 de
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y los artículos 1 y 16 de
la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o
Degradantes.
De la lectura de las disposiciones
normativas internacionales, se denota que la figura del arraigo o “detener para
investigar” es la entrada para que una persona pueda ser sujeta de tratos
inhumados, crueles o degradantes dentro del Centro Nacional de Arraigos, además
de privarle de la libertad.
No queremos pasar por desapercibido que
existen voces que justifican el arraigo, señalando que se trata de una medida
judicial, la cual está sujeta a un límite perentorio y solamente se podrá
aplicar para ciertos delitos, lo cual no hace de esta figura algo ilegal, sino
por el contrario, se traduce en una potestad judicial en virtud de que el
ministerio público es el solicitante de la medida y quien la autoriza es una
autoridad judicial, es de carácter extraordinario, pretende preservar la
eficacia de la investigación y su fin es asegurar la disponibilidad del
indiciado durante la averiguación previa que se le sigue por hechos
constitutivos del delito de delincuencia organizada. Entonces, el punto toral
de la figura del arraigo es que con el fin de preservar la eficacia de la
investigación, para la protección de personas o de bienes jurídicos o cuando
exista riesgo fundado de que el inculpado se sustraiga a la acción de la
justicia se priva de la libertad a una
persona para posteriormente, ejercer la acción penal, entonces cabría
preguntarnos: ¿Acaso no existe alguna otra forma de medida cautelar para
preservar la investigación sin que se vulnere el derecho fundamental
consistente en la libertad personal y el libertad personal? Consideramos que
existen varias medidas cautelares distintas al arraigo que bien podrían
aplicarse, como la prohibición de abandonar una demarcación geográfica bajo
vigilancia y a través de cualquier medio tecnológico, además de tomarse en
consideración lo previsto en los artículos 133-Ter, 141 fracción XVI, 141 Bis,
fracción II del Código Federal de Procedimientos Penales o como cualquiera de las
medida cautelares previstas en el artículo 155 del Código Nacional de
Procedimientos Penales.
VI. CONCLUSIO ET TRIBUTUM
Como conclusión, podemos decir que el
pensamiento, argumentación y criterio del señor Ministro Díaz Romero tuvo
repercusiones profundas en el sistema jurídico mexicano y con ello, tuvo que
reformarse esta figura a tal grado de que solamente se utiliza para casos
específicos (delincuencia organizada) por lo que en un futuro mediato tiende a
su desaparición. No obstante lo anterior, con la reforma en materia de
seguridad y justicia del 18 de junio de 2008, esta figura no tiene cabida en el
sistema acusatorio, y esto es, por varias razones, ya sea que se hable de la
presunción de inocencia, ataques a la libertad personal y deambulatoria, sea un
acto que tenga consecuencias para que se plasmen actos crueles o degradantes en
el afectado, etc. esta figura desaparecerá ¿Cuándo? A raíz de reformar la
Constitución y la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, pues son las
únicas disposiciones normativas que facultan la aplicación de esta figura
actualmente.
Quizás el lector pensará que este análisis se
encuentra fuera de contexto y es atemporal por la entrada en vigor del nuevo
sistema de justicia penal el 18 de junio de 2016 en todo el país que se
implementará en su totalidad en el mes de junio de 2016 en México que por
cierto prevé el arraigo solamente para casos de delincuencia organizada, sin
embargo no queríamos dejar pasar la oportunidad de difundir el criterio del
Ministro Díaz Romero y de su gran aportación sobre una de las instituciones más
controversiales y que ha sido motivo de múltiples críticas a nivel nacional e
internacional, la que con su determinación revolucionó cambios normativos que
hoy en día nos atañen como abogados y como ciudadanos.
Contacto: masveabogados@hotmail.com
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Tomo: X, Noviembre
de 1999. Primera Sala, 9a. Época. Jurisprudencia. 1a./J. 78/99. Página: 55. De rubro:
ARRAIGO DOMICILIARIO, ORDEN DE. AFECTA LA LIBERTAD PERSONAL.
Semanario Judicial de la Federación, Novena época, Tomo IX, Página
610, Enero de 1999. Jurisprudencia, Tribunales Colegiados de Circuito, Materia
Penal, Tesis: Tesis: I.1o.P. J/12, Registro: 194808.
ARTÍCULO 122 Bis.- Cuando con motivo de una
averiguación previa, respecto de delito grave, plenamente demostrado y de
aquella resulten datos, indicios o cualesquiera otra circunstancia que conduzca
a establecer que en dicho ilícito pudiera tener responsabilidad penal una
persona y exista riesgo fundado de que ésta se sustraiga a la acción de la
justicia, el ministerio público podrá acudir ante el juez correspondiente y
solicitar el arraigo del indiciado especificando el lugar en que habrá de
verificarse, el cual se resolverá escuchando a quien haya de arraigarse; ello
de ser posible.
Corresponde al ministerio público y a sus auxiliares,
que el mandato de la autoridad judicial sea debidamente cumplido.
El arraigo a que se refiere este precepto no será en
cárceles o establecimientos de corporaciones policíacas y su duración no podrá
excederse de treinta días naturales.
El arraigo no podrá ser
incomunicado.
Cuando el indiciado solicite que cese el arraigo, la
autoridad judicial decidirá, escuchando al ministerio público, resolverá en
cuarenta y ocho horas si aquél debe o no mantenerse.
También conocidas
como providencias o medidas precautorias, son los instrumentos que puede
decretar el juzgador, a solicitud de las partes o de oficio, para conservar la
materia del litigio, así como para evitar un grave e irreparable daño a las
mismas partes o a la sociedad, con motivo de la tramitación de un proceso.
Los delitos previstos en el
artículo 145-BIS del Código de Procedimientos Penales, (De conformidad con el
artículo tercero transitorio del Código de Procedimientos Penales del estado de
Chihuahua, publicado en el p.o. de 9 de agosto de 2006, este ordenamiento ha
sido abrogado.
Artículo
5. Derecho a la Integridad Personal. 1. Toda persona tiene
derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral. 2. Nadie
debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes. Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto
debido a la dignidad inherente al ser humano. 3. La pena no puede
trascender de la persona del delincuente. 4. Los procesados deben estar
separados de los condenados, salvo en circunstancias excepcionales, y serán sometidos a un
tratamiento adecuado a su condición de personas no condenadas. 5. Cuando
los menores puedan ser procesados, deben ser separados de los adultos y
llevados ante tribunales especializados, con la mayor celeridad posible, para
su tratamiento. 6. Las penas privativas de la libertad tendrán como
finalidad esencial la reforma y la readaptación social de los condenados.
ARTÍCULO 7.
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes. En particular, nadie será sometido sin su libre consentimiento a
experimentos médicos o científicos.